Luchas campesinas, creatividades artísticas e investigación transdisciplinar: reflexiones en torno a un cuento infantil en el Sumapaz
Imagen 1. Mural, logo de la ZRC de Venecia Parte Alta
Autores: Jairo Quique (AGUA Campesina – aguacampesina@gmail.com) – Juan Sebastián Vélez (Cealdes – juanvelez@cealdes.co)
Cuando Valentía Montes, una niña campesina de la Parte Alta de Venecia, en algún lugar de las montañas del Sumapaz, encontró la guatila más verde y brillante que había visto en su vida, nunca imaginó que esto la llevaría a vivir fantásticas aventuras a través del pasado, el presente y el futuro de su territorio que le ayudarían a descubrir importantes aprendizajes sobre la vida campesina, el trabajo en comunidad, la tierra, el monte, los páramos, sus seres y el agua….
Así inicia la sinopsis que aparece en la contraportada del cuento para niños(as) titulado Valentía Montes y la Guatila Encantada, aventuras fantásticas en las montañas de Venecia Parte Alta, en algún lugar del Sumapaz. Inspirado en el principio de la recuperación crítica de la tradición de investigación-acción participativa colombiana como forma de reconstruir el pasado para fortalecer las luchas sociales del presente y el futuro, y en el realismo mágico como estrategia literaria para narrar las inverosímiles pero reales historias que componen la historia de los rincones más hermosos de Colombia, este cuento para niños(as) relata el proceso de poblamiento y las transformaciones del territorio a lo largo de más de cinco décadas en la parte alta de Venecia según lo han experimentado y narrado sus habitantes. Esta es la historia de un largo proceso de lucha y cuidado del territorio de las familias campesinas de la región, que se ha consolidado en la construcción de una Zona de Reserva Campesina, un plan comunitario de futuro que busca consolidar la paz, la economía campesina y el cuidado del bosque, el páramo y el agua en este rincón del Sumapaz. A través de siete aventuras fantásticas, este cuento busca transformar un proceso de investigación con y de la comunidad de la Parte Alta de Venecia en una serie de aprendizajes para las nuevas generaciones del territorio, quienes hoy crecen con la fortuna y la responsabilidad de continuar con los sueños de sus abuelas y abuelos, sus padres y sus madres quienes, como en muchos otros territorios de Colombia, han luchado incansablemente por dignificar las formas de vida campesina y sus relaciones con la tierra.

Imagen 2. Camino empalizado por el bosque altoandino, ZRC de Venecia Parte Alta
Dicen que el loro viejo no aprende a hablar. Creemos que sí, pero el peso de los años y el cansancio hacen su trabajo. Entonces, las letras e imágenes que están por descubrirse en este relato son un mundo de magia y potencia creadora y transformadora para caminar con las niñas y niños de nuestra Zona de Reserva Campesina. Es un puente en el tiempo, para que las infancias actuales escuchen la voz de las viejas y viejos que forjaron con sus manos y su sudor las posibilidades de esa labor bendita que es producir alimentos. Forjaron con sus manos y su sudor las condiciones que debía procurar el Estado.
Esta creación literaria perfectamente puede bajar las montañas, cruzar los ríos, encontrarse con el campesinado sucreño o valluno y danzar junto a la memoria de las bregas compartidas por la conquista de derechos y vida digna. Eso nos encaminó a constituir nuestra Zona de Reserva Campesina. Somos tan diferentes, pero tenemos tanto en común. Los viajes maravillosos de la niña campesina Valentía nos traen los relatos del pasado y de nuestro presente, recordándonos que nos une el territorio que el Estado abandonó y la guerra adoptó. Sobre ese suelo en el que convivimos en medio de nuestras maneras particulares de ver el mundo, la vida organizativa del campesinado decidió construir sus bases, echar raíces y abrazar la vida. La figura de Valentía Montes también visibiliza a las mujeres campesinas que tanto espacio y tiempo merecen en la historia, pero que les fueron negados. Sólo hasta ahora su legado se ha empezado a escribir para marcar uno de los caminos de transformaciones posibles en este siglo XXI. Cada trazo y cada color que acompañan esta historia inspiran la calidez y ternura de una comunidad que vive con la tranquilidad de haber hecho lo correcto en la historia: luchar por una vida digna. Estos trazos son las manos, los rostros y los lugares de esas luchas.

Imagen 3. Casa Hungría, epicentro de luchas agrarias en el Sumapaz (Ilustración de María Camila Cuervo – Montespeso)
Dicen que el loro viejo no aprende a hablar. Creemos que sí, pero el peso de los años y el cansancio hacen su trabajo. Entonces, las letras e imágenes que están por descubrirse en este relato son un mundo de magia y potencia creadora y transformadora para caminar con las niñas y niños de nuestra Zona de Reserva Campesina. Es un puente en el tiempo, para que las infancias actuales escuchen la voz de las viejas y viejos que forjaron con sus manos y su sudor las posibilidades de esa labor bendita que es producir alimentos. Forjaron con sus manos y su sudor las condiciones que debía procurar el Estado. Valentía Montes y la Guatila Encantada es una oportunidad para que cada niña y cada niño se encuentre y viva la historia de vidas campesinas pasadas, desde una mirada de las transformaciones posibles y no desde la mirada de los sufrimientos y la desesperanza del loro viejo que no aprende a hablar. En últimas, esta es una de las funciones de la investigación cuando aterriza en los territorios con sentido de servicio y transformación. Contribuir a la imaginación colectiva de un futuro con dignidad para las comunidades rurales que, a pesar de las exclusiones y discriminaciones sistemáticas a las que han sido sometidas, han sabido cuidar de sus territorios y sus infancias. Otro mundo es posible y lo será, si destinamos muchos esfuerzos para lograr infancias libres, fuertes, educadas y muy conscientes de los territorios que pisan y que las han visto crecer. De este modo, la reconstrucción y reivindicación de nuestra memoria colectiva no es un ejercicio para mirar únicamente al pasado, sino principalmente para imaginar mejores mundos posibles y construir alternativas al desarrollo desde nuestras luchas y experiencias.
El cuento de Valentía es únicamente un pequeño grano de arena entre un amplio y variado mar de herramientas para la transformación social que se han producido en los últimos años en la parte alta de Venecia y en general en la región del Sumapaz a partir del encuentro de comunidades campesinas, investigadores(as) de muchos campos disciplinares, artistas y activistas que creen genuinamente que estas colaboraciones son fundamentales para fortalecer sueños comunes por una ruralidad colombiana con dignidad y justicia social y ambiental. En general en Sumapaz, este tipo de ejercicios colaborativos han producido una impresionante variedad de herramientas como obras de teatro, documentales, cortometrajes, historietas, murales, títeres, música, festivales y muchas más, además de la infinidad de documentos técnicos producidos en el marco de las colaboraciones en el marco del proceso de impulso de las zonas de reserva campesina en la región.


Imagen 4 + Imagen 5 Dibujos de niños(as) de Venecia Parte Alta, inspiración para crear los personajes del cuento (compilados por María Camila Cuervo – Montespeso)
Este ejercicio de entrelazamiento entre el arte, la investigación y los procesos organizativos sirve para reflexionar sobre una posible forma de construir transdisciplinariedad, una tarea difícil y esquiva para la investigación que pretende tener incidencia social y política. Para producir el cuento de Valentía Montes, fueron necesarios los insumos de colegas ecólogos(as), biólogos(as), sociólogo(as), literatos(as) y artistas, así como los conocimientos profundos sobre su territorio de los(as) habitantes de la parte alta de Venecia y la imaginación de sus niños(as). Caminar con y entre las luchas campesinas de la parte alta de Venecia y el proceso campesino regional del Sumapaz nos ha enseñado a reconocer que, como investigadores(as), no debemos pretender ser nosotros(as) quienes estemos en el centro de las articulaciones transdisciplinares, y que la transdisciplinariedad no se alcanza a través de maromas intelectuales y epistemológicas que solo sirven para incrementar el ego del conocimiento técnico-científico. Por el contrario, el Sumapaz nos enseña que los responsables de ejercer como guía y eje articulador entre muchas disciplinas, creatividades artísticas y conocimientos tradicionales son los movimientos sociales y las comunidades locales. El proceso campesino del Sumapaz, quizás sin proponérselo, es un gran ejercicio profundamente transdisciplinar en el que las organizaciones sociales de base han sabido articular a una infinidad de investigadores(as), activistas, artistas, comunidades locales, bosques y páramos que, en muchos casos, ni siquiera llegan a conocerse entre sí, en un trabajo mancomunado por un objetivo común.
Paradójicamente, la necesidad de anonimizar las mal llamadas “fuentes” de información, por lineamientos éticos descontextualizados en las universidades y revistas académicas, usualmente termina invisibilizando y despojando de sus autorías a muchas personas en los escritos académicos. El entrelazamiento de insumos colectivos con lenguajes alternativos con los resultados más ‘convencionales’ de investigación es una forma entre muchas posibles de reconocer la autoría de todas las personas que de una u otra manera participan en los procesos de generación de conocimiento desde sus activismos, liderazgos, luchas y vidas cotidianas. Esto evidencia una vez más que los procesos colectivos de creación de conocimiento y las creatividades artísticas son herramientas mucho más eficaces e incluyentes para la transformación social que los lenguajes técnicos y académicos que muchas veces no comprenden ni siquiera quienes los escriben.
En las asambleas campesinas que se organizan en la región del Sumapaz, los conversatorios, mesas redondas y plenarias usualmente están entrelazadas con pausas culturales que permiten a los(as) asistentes relajarse un poco y disfrutar del ingenio y creatividad de los(as) campesinos(as) sumapaceños(as) para relatar sus conocimientos, historias de vida, luchas y sueños a través de expresiones artísticas tradicionales como la poesía campesina, el cuenteo, la música y el baile. Más allá de ser simplemente momentos de distensión, estas pausas culturales son expresiones vivas de la dignidad, identidad y las luchas campesinas, del espíritu y la magia del mundo sumapaceño, y son fuentes primarias de inspiración para las reflexiones colectivas que ocurren en estas asambleas. Esperamos que, al seguir las aventuras de Valentía Montes, los(as) lectores(as) puedan capturar en algún grado la manera en que el proceso colectivo para darle vida a este cuento fue el resultado de un entrelazamiento similar al que ocurre en las asambleas campesinas del Sumapaz: una mezcla de creatividades, experiencias, conocimientos y luchas diversas que crean conocimientos colectivos para la transformación territorial y la imaginación de alternativas al desarrollo.
Dijimos hace unas líneas que las aventuras de Valentía nos traen relatos del pasado y del presente de nuestro territorio. ¿Sumercé quiere saber cómo le fue a Valentía en sus viajes al pasado y al futuro? Siga y descúbralo con sus propios ojos (y con su propia historia).

Imagen 6. Portada de Valentía Montes y la Guatila Encantada.




